CRISIS DE IDENTIDAD
- 8 ene
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Mensaje durante la 82Da ASAMBLEA GENERAL.
Por J. WENDELL LOWE
PRESENTADO POR MANUEL J. CORDERO IMPULSOR NACIONAL DE LA AMIP EN LA NACIÓN DE MÉXICO SUR
"En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo recto delante de sus ojos." (Jue. 21:25) "Empero el pueblo no quiso oir la voz de Samuel; antes dijeron: No, sino que habrá rey sobre nosotros. Y nosotros seremos también como todas las gentes, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras." (1 Samuel 8:19, 20)
Se ha dicho mucho en los pasados años acerca de la crisis de identidad de la juventud. Ellos van en búsqueda de alsignificado y propósito en sus vidas. Nuestra cultura ha producido una generación que tiene problemas en descubrir el sendero de la justicia en un mundo corrompido y pervertido. Estos jóvenes son el producto de nuestros sistemas de educación, donde se les enseña que el hombre desciende del mono, que Dios no existe, que el individuo es supremo, que el gobierno puede manejar todos nuestros problemas, que las cortes pueden contestar todas nuestras preguntas y que Mamá y Papá no nos hacen falta.
Esta generación inquisidora y libertina se ha sentado a los pies de maestros que promueven el humanismo secular, enseñándoles que la oración no debe tener lugar en la vida de la persona, que el pecado de culpabilidad no es real, que el bien y el mal no existen, que todo eso es producto de las circunstancias. Han escuchado que la familia es obsoleta, que el pacto o convenio matrimonial no tiene un significado verdadero, que el divorcio es la respuesta para resolver las diferencias conyugales y que la homosexualidad es un estilo de vida decente y una alternativa viable. Han sido engañados para creer que el vivir fuera de los lazos del matrimonio no es ningún pecado, que la pornografía y la explotación sexual de los niños no hace mal a nadie y que el hombre no necesita a ningún Salvador, sino que puede salvarse a sí mismo.
Esta generación contempla diariamente la desintegración de la institución familiar, la violación de la ley y el orden, el deterioro de los valores éticos y morales, el crimen, la inmoralidad y el divorcio, todos ascendiendo continuamente en su nivel de escala.
Contemplan el cómo las cortes de los Estados Unidos han legislado que se salve una cierta clase de pez muy pequeño, mientras que a su vez han legislado la sentencia de muerte de millones de niños en el vientre de sus madres. Esta generación ha sido estimulada a retar toda clase de autoridad, tanto civil como religiosa. No es de asombrarse del porqué estos jóvenes están afrontando una terrible crisis de identidad. ¿Acaso es de sorprenderse que formulen las preguntas: "¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuál es mi propósito para la existencia?"
En los últimos años he podido ver algunos paralelos entre lo que está sucediendo en el mundo y en la Iglesia. Dentro de la Iglesia están los que desprecian y rechazan la autoridad divina. Hay algunos que dicen: "Soy una persona libre; ando como quiera y ninguna Asamblea General, ni los que están sobre en mí en el Señor, me van a decir cómo tengo que hacer las cosas. Algunos desaprueban el concepto del Cuerpo, sin importarles nada relativo a sus compañeros de membresía. Ellos dicen que Dios obra a través de personas grandes e insignes más bien que a través del Cuerpo de Cristo. Es cierto que Dios obra a través de personas quienes consagran sus vidas a El, pero no para la promoción de ellas. La gloria y honra de Dios es lo que está en cuestión.
Hay otros que no están seguros de si esta es la Iglesia de Dios de la Biblia, el Cuerpo singular de Jesucristo. Otros no están seguros respecto a si el pacto de la Iglesia coloca a uno en dicho Cuerpo.
Hay quienes están teniendo problemas en hacer decisiones acerca de lo que es bueno y lo que es malo. Hay personas que dudan de que el divorcio y el recasamiento sea un pecado. Pero la Biblia aún es explícita, sin dejar lugar para la duda al respecto.
Yo sería el primero en admitir que la Iglesia, en su presente estado, no es tan hermosa, pero cuando hablo acerca de la Iglesia de Dios, es de mi visión y de cómo la veo cuando permito que el reino de Dios opere en mi interior como debe hacerlo en un corazón regenerado. El concepto de la Iglesia como una virgen pura y sin tacha, sigue siendo para mí un concepto maravilloso, y no podemos fallarle a Dios en seguir predicándolo.
Durante los 35 años de mi ministerio, no ha habido ni un sólo momento en el cual haya creído que he dado toda la gloria y honra a Cristo como la Cabeza de la Iglesia. No quiero ser hallado culpable de tal negligencia. Es urgente que evitemos la gloria personal. Toda gloria y honra pertenece al Salvador Jesucristo. Esta es Su Iglesia, la cual compró con Su sangre, y es necesario que la prediquemos como lo que es en la Santa Escritura.
La visión produce esperanza, propósito, fortaleza y paciencia, pero si el diablo puede conseguir incrustar la duda en nosotros respecto a quiénes somos, cuál es nuestra meta, cuál es nuestro propósito y misión en el mundo, de seguro que nos reducirá al estado de mendigos, sin un mensaje que predicar. ¡Oh Iglesia de Dios, tomemos nuevos brìos, nuevas fuerzas y nuevas esperanzas!
Nuestro pasado Supervisor General estaba buscando la Iglesia de Dios de la Biblia, y cuando la encontró, dedicó toda su vida y energías a su expansión. Tal celo lo llevó por todas partes anunciando la hermosa perla que había encontrado. El Mensajero Ala Blanca todavía lleva el lema: "El Mensaje Completo para Todo el Mundo". El diablo desearía que nosotros elimináramos algunas cosas de las que componen ese mensaje, pero mientras hayan miembros dedicados y con una visión genuina del programa de Dios, seguirá siendo predicado y enseñado como Jesús lo comisiono: "Por tanto id... enseñándoles a guardar todas las cosas que os he mandado".
Estoy consciente de cuán desanimador es congregarse semana tras semana en iglesias pequeñas y que luchan por sobrevivir, sin embargo, no podemos comprometer el mensaje. La respuesta es ser la Iglesia de Dios de la Biblia-la Iglesia del amor- la Iglesia de poder-la Iglesia de la verdad. Israel tenía una crisis de identidad, y por eso deseó ser como las demás naciones. Se rebelaron de tal manera que rechazaron el gobierno de Dios. Luego le pidieron a Samuel que les pusiera un rey, a fin de ser como las naciones paganas. Esa no era la respuesta para ellos, ni tampoco es la solución para nosotros en esta época del fin.
¿Acaso el aceptar a Cristo como Salvador y Señor unifica automáticamente a todos los creyentes por quienes El oró, o existe una esencia más profunda en lo que a la unidad divina se refiere? El nuevo nacimiento nos hace hermanos y hermanas en Cristo, pero si examinamos minuciosamente Su oración, veremos que oró por una unidad visible que pudiera ser observada por el mundo. Pablo escribió: "Os ruego pues, hermanos, por el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer". 1 Co. 1:10. Existe una unidad que va más allá del mero formar parte de la familia de Dios. Esta es la clase de unidad que debe ser vista por el mundo.
Pablo escribió a los Efesios: "Maridos, amad a vuestras mujeres, asi como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.... Para presentársela gloriosa para si, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha". (Ef. 5:25. 27) La unidad de la Iglesia es más que una mera esencia espiritual invisible; es una unidad que puede ser vista por el mundo una unidad de propósito, de doctrina y de gobierno.
Pablo escribió a los corintios: "Para que no hava desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros" (1 Co. 12:25) ¿Cree usted que el sistema denominacional se ajusta a este concepto de unidad de mente, de propósito, de doctrina y de amor?
El denominacionalismo nació del desacuerdo y la confusión. Dios tiene que poseer un pueblo pactado o bajo un pacto, el cual cumpla Su Palabra: una nación que se someta humildemente a Su gobierno divino en este mundo.
Es vital que no perdamos nuestra identidad. El concepto del cuerpo es hermoso; es un principio bíblico firme. Todavía creo que Dios ha confiado a la Iglesia de Dios el mensaje completo para todo el mundo. No quiero ver a la Iglesia siendo endiosada nuestra gloria es únicamente en la Cabeza Jesucristo. Pero tampoco deseo verla pisoteada y desestimada.
Otra doctrina que el diablo está desafiando es el concepto del pacto. Dios siempre ha obrado a través de pactos. El hizo un pacto con Abraham y prometió bendecirle y a su simiente después de él. El reconfirmó ese pacto con Isaac y Jacob. Cientos de años más tarde, Dios llamó a Moisés para que condujera a los hijos de Israel fuera de Egipto. El les dio los mandamientos, y los israelitas tomaron otro pacto. En este pacto ellos se comprometieron a obedecer todas las palabras de la ley. (Lea Exodo 19:3-8.)
Según Jeremías 31:31, 32, ellos violaron aquel pacto divino. "He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Jacob y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos invalidaron mi pacto, bien que fui yo un marido para ellos, dice Jehová." Sí, ellos quebrantaron aquel pacto de la ley escrita, pero no el pacto de la simiente. Cuando invitamos a Cristo a nuestros corazones por fe, somos salvos y venimos a formar parte de la familia de Dios. Según Romanos 4. somos además participantes de la simiente de Abraham. Ese es el pacto de simiente el cual prefigura la salvación por fe en Jesucristo.
¿Cómo vengo a ser parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia? Creo que el pacto de la letra de la ley del Antiguo Testamento prefigura el que tomamos hoy cuando venimos a formar parte de la Esposa. En esos momentos nos desposamos con Cristo como Su Esposa comprometida. Isaías escribió: "Pues como el mancebo se casa con la virgen, se casaran contigo tus hijos; y como el gozo del esposo con la esposa, asi se gozará contigo el Dios tuyo", (Is. 62:5) Pablo escribió: "Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán dos en una carne. Este misterio grande es: mas yo digo esto con respecto a Cristo y a la Iglesia". (Ef. 5:31, 32)
A los Corintios él les dijo: " Porque por un Espiritu somos todos Bautizados en un cuerpo, ira judíos o griegos, ora siervos o libres; y todos hemos venido de un mismo Espíritu " (1 Co. 12:13).
Hay una unión espiritual la cual ocurre cuando un hombre y una mujer se unen legalmente en los lazos del Santo matrimonio. De la misma manera sucede cuando tomamos el pacto de membresía en el Cuerpo de Cristo. El pacto que tomé casi 42 años atrás para ser miembro del Cuerpo, todavía es un recuerdo precioso para mí
¡ Oh, Aleluya !



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